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El corazón del Jedi

17/09/2013

Era una noche oscura y tormentosa, como muchas otras. La oscuridad del espacio envolvía a la nave imperial, con las estrellas como lejanos puntos de luz. Allí fuera, en ese infinito siempre era noche, y siempre hacía frío. Y la tormenta… No era como las tormentas que abaten la superficie de los planetas. No. Sin duda, esta era una tormenta mucho peor. No era una tormenta física, sino interna.
No eran dos masas de aire de temperaturas opuestas, sino dos mundos dentro un solo hombre. Dos formas de pensar, que a simple vista parecían tan similares, que él lo había confundido. Había sido engañado, pisoteado, golpeado y traicionado. Y él a su vez, había hecho eso mismo a sus enemigos. Había olvidado su nombre y lo que éste había significado para él. Y había resurgido como un hombre poderoso. El más temido, su nombre era reverenciado por todo los rincones de la galaxia, pronunciado con miedo.
Incluso entre sus enemigos, su nombre era pronunciado con respeto. Era un guerrero que tenía un único objetivo: Extender el imperio y eliminar a todo aquel que se impusiera en su camino.
Al ver a su hijo enfrentarse al mismo emperador, su maestro, le hizo recordar algo que le enseñaron sus maestros jedi: Un jedi no teme a la sangre, el miedo o el dolor. Un jedi no teme a la misma Muerte. El único temor del jedi es el miedo mismo.
Su hijo tenía la esencia del verdadero jedi. Al igual que su hija. Su familia era fuerte. Se parecían tanto a él y a ella. Ella. El quid de la cuestión, el punto de fuga, su felicidad y su condenación: Padme.
Antes el nombre de Padme le producía tristeza y resentimiento contra sí mismo. Lo que pudo y no pudo ser. Las cosas que aún tenía por decirle. Su muerte se lo arrebató todo. Sin embargo, al ver a sus hijos vivos, era como si una parte de ella siguiera viva en ellos. Podía ver el fuego de sus ojos en la mirada de su hija, el gesto serio y firme de Luke.
Era como el último regalo de Padme al mundo, para salvarlo de las garras del Emperador. De sus propias ambiciones.
Había sido el miedo lo que le había llevado al lado oscuro. El miedo a perder lo que más amaba. Si dejaba que el emperador matase a Luke, habría perdido todo lo que le quedaba de Padme: sus hijos, engendrados por el amor que había entre ellos.
Cuando atacó a su Emperador ya no había más miedo. No más dudas. Sólo el corazón de un jedi.
Cuando murió en brazos de uno de sus hijos ya no había más miedo. No había rencor ni odio. Sólo la paz de espíritu y la seguridad de que Padme le esperaba.

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