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Un nuevo resurgir

17/09/2013

Era una noche oscura y tormentosa, no había ninguna estrella brillando en millones de kilómetros, ningún sol cercano, sólo los restos de la que habría sido la segunda estrella de la muerte flotaban a la deriva. Fragmentos sin rumbo esparcidos por la galaxia como pequeñas motas grisáceas, intentando llenar la carencia de un espacio sin luz.
La noticia de la destrucción del imperio había llegado mucho más allá de Endor y el fin de la amenaza se celebraba ruidosamente por toda la galaxia. Pero allí, entre los restos de la estrella de la muerte reinaba el más absoluto silencio.
Una figura pareció emerger entre los escombros: una nave vieja se movía despacio entre la chatarra, sorteando los pedazos más grandes. Su lento divagar no daba indicios de buenas intenciones.
En su interior Thik´o wan un joven y ambicioso twi´leks no dejaba de maravillarse de su genialidad. En unos días el vertedero espacial que ahora era la estrella de la muerte estaría lleno de rateros y ladrones peleándose por los despojos, pero de momento la destrucción era demasiado palpable, todavía se estaba celebrando la caída del imperio y nadie se había atrevido aún a acercarse, él se había adelantado a todos y si había algo de valor sería para él.
Al pasar alrededor de un enorme fragmento de metal que triplicaba el tamaño de la nave su compañero piloto empezó a gruñir en su idioma ininteligible mientras agitaba su trompa señalando algo por el cristal de la nave. Sin duda ese era su día de suerte pensó Thik y ordenó que lo subieran a la nave.
Una vez dentro Thik no pudo soportar la ansiedad de examinar más de cerca su botín. Allí en el centro de la bodega se encontraba una nave de guerra ¡eso era mucho mejor que un montón de chatarra!.
Su aspecto exterior estaba algo dañado, evidentemente no había salido indemne de la explosión pero el interior parecía intacto, poseía también en perfecto estado los cañones láser. Podría sacar un buen pellizco por las piezas, pero si la arreglaba un poco, quien sabe lo que podría llegar a sacar por una nave sith.
De repente un ruido alertó a Thik: La escotilla de la nave se había abierto. Se acercó cauteloso, cabía la posibilidad (y era una posibilidad muy remota) pero si la nave no había sufrido daño considerable, quizás su piloto aún estuviese vivo en su interior, exhalando su último suspiro. Thik esperaba ver surgir al piloto arrastrándose, pero como no ocurría nada se acercó aún más seguido por el piloto pacithhip que sostenía bajo su trompa un arma en posición poco amenazadora.
Surgió entonces una silueta oscura, completamente vestida de negro con una larga capa negra ondeando tras él. Su rostro cadavérico estaba al descubierto y mostraba un tono mortecino, no obstante la figura se movía hacía ellos con paso lento pero resuelto, parecía haber vuelto de entre los muertos. El piloto apuntó torpemente con su arma, pero antes de que pudiera disparar la figura extendió un brazo hacia él, por unos momentos el piloto se retorció de dolor y calló al suelo muerto. Thik intentó huir pero su miedo lo tenía paralizado y tropezó cayendo de espaldas. Intentó arrastrarse pero la figura estaba muy cerca de él.
-El imperio ha sido destruido- dijo temeroso, como si esas palabras pudieran salvarle la vida.
La figura le miró por un momento y le habló, no pudo verle la boca pero su voz sonó rotunda y grave:
-El imperio podrá ser destruido, pero el lado oscuro siempre existirá- dijo extendiendo su brazo hacia él.

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